Al regresar al chalé de La Moraleja encontró una caja junto a su plato. Álvaro Montenegro, fundador de una empresa tecnológica, seguía respondiendo correos sin mirarla.
—Feliz cumpleaños —dijo.
—Fue ayer.
Él tardó apenas 1 segundo en reaccionar.
—Lo compensaré el próximo año.
Entonces apareció Martina, la encargada de la casa.
—Señor Montenegro, las peonías blancas llegarán desde Holanda. La gargantilla de la subasta ya está asegurada y el Palacio de Linares confirma la cena privada para la señorita Clara.
Álvaro cerró el ordenador de inmediato.
—Que retiren del menú las almendras. Clara es alérgica.
Lucía miró la caja sin abrir. Él había olvidado el cumpleaños de su esposa, pero recordaba una alergia de hacía 9 años.
Clara Vidal había sido su primer amor. Tras una avalancha en Nepal, su familia recibió una identificación errónea y todos la dieron por fallecida. Álvaro se hundió tanto que necesitó meses de tratamiento por una conducta autodestructiva. Años después aceptó casarse con Lucía, presentada por amigos de ambas familias. Para él fue un acuerdo tranquilo. Para ella, el cumplimiento de un amor secreto que arrastraba desde la universidad.