Al día siguiente de mi 35 cumpleaños oí confirmar la cena privada para Clara en el Palacio de Linares. Él recordaba su alergia y olvidaba mi cumpleaños, y su madre sentenció: “algunas esposas ocupan una casa, pero otras ocupan el corazón”. No lloré, dejé el divorcio firmado y pedí traslado definitivo a Buenos Aires. Debajo encontré su nota: cuando me fuera, las acciones volverían a su sitio.

Álvaro ni siquiera advirtió que ella ya no llevaba la alianza.

3 días antes del vuelo, buscó un contrato en el escritorio de Lucía. Encontró su pasaporte, 2 maletas etiquetadas, un billete solo de ida y el convenio de divorcio ya firmado.

Por primera vez desde la boda, Álvaro sintió verdadero pánico. Pero debajo de los papeles había una nota con la letra de su madre: “Cuando Lucía se marche, las acciones volverán a estar donde siempre debieron”.

PARTE 2

Álvaro llamó a Lucía 6 veces. Ella respondió desde Barajas, entre anuncios de embarque.

—Vuelve a casa.

—Despego en 40 minutos.

—Que pilote otro.

—Hay 242 personas esperando que cumpla con mi trabajo.

—¡Soy tu marido!

—Nunca lo recordaste cuando yo te necesitaba.

Esa noche, Álvaro abrió una caja olvidada. Dentro encontró cartas que Lucía jamás se atrevió a enviar: su primer vuelo como capitana, una avería sobre el Atlántico, 3 aniversarios esperando una cena. La última decía: “No eras incapaz de amar; simplemente no me elegiste”.

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