—Sí lo sé.
—¡Tú no entiendes nada de adultos!
Ethan respondió:
—Entiendo perfectamente que abandonaste a siete hijos porque pensaste que eran una carga.
Silencio.
Entonces Ethan sacó una fotografía.
Era una foto de Daniel y Claire juntos.
Pero no era reciente.
Era de seis meses antes de que Daniel me anunciara que quería divorciarse.
Claire aparecía sentada en un restaurante, tomándole la mano.
En la esquina inferior de la fotografía había una fecha.
Mi estómago se revolvió.
—Esto demuestra que mentiste —dijo Ethan—. Dijiste que tu relación con Claire comenzó después de que decidieras dejar a mamá.
Daniel no respondió.
Ethan continuó.
—Pero hay más.
Conectó la memoria USB al ordenador.
Había carpetas.
Mensajes.
Fotografías.
Transferencias bancarias.
Y conversaciones entre Daniel y Claire.
Abrí la primera.
Mis manos empezaron a temblar.
No solo habían hablado de nuestra relación.
Habían hablado de dinero.
De nuestra casa.
De los ahorros.
De la custodia de los niños.
Y de algo todavía más inquietante.
Una conversación de Daniel decía:
«Cuando el divorcio termine, la casa será un problema. Necesito que ella acepte venderla».
Claire había respondido:
«No te preocupes. Después de la boda estará demasiado destrozada para luchar».
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
Pero Ethan todavía no había terminado.
Abrió otra carpeta.
Había una hoja de cálculo con todos nuestros bienes familiares.
La casa.
Las cuentas bancarias.
Los seguros.
Incluso los fondos destinados a la universidad de nuestros hijos.
Todo estaba detallado.
Y al lado de cada cantidad había anotaciones.
Una de ellas me dejó paralizada.
«Después del divorcio: repartir entre Daniel y Claire».
Miré a Ethan.
—¿De dónde sacaste todo esto?
Mi hijo respiró profundamente.
—Del portátil de papá.
—¿Lo revisaste?
—No estaba buscando esto. Buscaba mis documentos escolares. Pero encontré una carpeta con mi nombre.
Abrió otro archivo.
Era un correo electrónico.
El remitente era Daniel.
El destinatario era Claire.
La fecha era de ocho meses atrás.
Y el mensaje decía:
«Cuando ella firme, podremos empezar una nueva vida sin las responsabilidades de antes».
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Durante meses había pensado que Daniel simplemente se había enamorado de mi hermana.
Ahora comenzaba a comprender algo mucho peor.
Tal vez nunca se trató solamente de amor.