Capítulo 2: La cuarta fotografía

Decía: M. Ferrer.

El apellido de casada de Margaret. La maleta era suya.

La tercera fotografía era un pasillo de hospital y una pulsera de plástico en la muñeca de mi madre. Al fondo, desenfocado, un cartel: Clínica Santa Ana — Villamar. Mi madre sujetaba una carpeta contra el pecho con las dos manos, como se sujetan las sentencias.

Y la cuarta.

La cuarta fotografía no era de Villamar.

Era de aquí. De nuestra ciudad. De una calle que yo conozco tan bien que podría recorrerla con los ojos cerrados: el antiguo convento de ladrillo convertido hace años en residencia, con su puerta verde y su cartel discreto que tantas veces había leído sin leerlo de camino a la compra.

Hogar Santa Rita. Cuidados y acompañamiento.

En la fotografía, mi madre está en esa puerta, de espaldas a la cámara de Margaret —porque tuvo que ser Margaret quien le prestó la cámara y el valor—, entregándole a una enfermera su bolsa de viaje azul. La pequeña. La de siempre. La fecha de la esquina: hace tres días.

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