Y Florence cerró los ojos.
Entonces comprendí que el abandono de hacía veinte años no había sido una decisión impulsiva.
Había algo que mis padres habían estado ocultando desde el día que me dejaron en aquella iglesia.
Algo relacionado con mi verdadero padre.
Y, por alguna razón, ahora necesitaban que yo descubriera la verdad.
Pero todavía no sabía que aquella verdad cambiaría para siempre la historia que creía conocer.