—Porque tu marido no murió por accidente.
Sentí que las piernas me fallaban.
Miré a Lily.
Ella estaba observándome.
—¿Qué acaba de decir?
La voz respondió:
—Tu esposo descubrió algo antes de morir.
—¿Qué?
—Descubrió quién estaba robando dinero de su familia.
—¿Quién?
El hombre respiró profundamente.
—La persona que ha estado pagando las facturas de tu casa durante los últimos cuatro años.
Me quedé helada.
—Eso es imposible.
—No.
Su voz se volvió más grave.
—Lo imposible es que sigas creyendo que tu marido murió sin dejarte una explicación.
La llamada terminó.
Miré a Lily.
Ella estaba llorando.
—Mamá…
—¿Qué?
Mi hija apretó mi mano.
—Hay algo más que no te conté.
—¿Qué cosa?
Lily miró la puerta.
—El hombre que me dio la fotografía no fue el primero que vino a verme.
—¿Quién fue el primero?
Lily tragó saliva.
—Tu hermano.
Sentí que el mundo se detenía.
Mi hermano llevaba doce años muerto.
Y, según Lily, alguien que decía ser él había estado siguiéndola durante semanas.