También revelaba algo más.
En un momento, Nuria había movido el teléfono y su propia voz quedó registrada.
—Mamá, basta ya. Está embarazada.
Durante unos segundos, Lucía no supo qué sentir.
Nuria había comprendido perfectamente lo que estaba pasando.
Había pedido que pararan.
Y aun así no había entrado, no había llamado a emergencias y, después, había negado saber nada.
La contradicción dolía porque demostraba que el silencio no siempre nace de la ignorancia. A veces nace de elegir a quién proteger.
Álvaro volvió a cambiar su versión. Ya no habló de una caída. Admitió que había sujetado a Lucía, pero sostuvo que lo hizo porque ella estaba “fuera de sí” y podía hacerse daño. Carmen afirmó que solo pretendía “corregir una falta de respeto” y que todo se había exagerado.