Cuando quise pasar unos días con mi hermana, embarazada de 6 meses, mi marido cerró el portón y su madre me inclinó sobre la mesa del patio. Mientras él me sujetaba, escuché: «Ya aprenderá». En el hospital pedí protección y denuncié sin volver a mirarlo. Entonces un repartidor apareció con una tarjeta de memoria que ninguno sabía que existía.

En el barrio circularon versiones.

Algunos defendían a Álvaro porque “siempre había sido trabajador”. Otros decían que Carmen era una mujer religiosa y entregada a su hijo. Varias personas preguntaban por qué Lucía no se había marchado antes.

Rocío respondió a una de ellas en una panadería:

—Porque todo el mundo le decía que aguantara y casi nadie le preguntó si estaba segura.

La frase llegó a oídos de Lucía y se quedó con ella.

Dejó de intentar convencer a cada vecino.

No necesitaba ganar una votación popular.

Necesitaba recuperar su vida.

También pidió a Irene que no compartiera ninguno de los vídeos ni los audios en grupos de WhatsApp. La grabación podía ser útil para la investigación, pero no quería que su peor día se transformara en entretenimiento para desconocidos.

Irene estuvo de acuerdo.

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