Toqué el timbre.
La puerta se abrió solo a medias. En el umbral estaba Elvira, su madre, con los labios apretados y el vestido marrón alisado sobre las rodillas. Detrás de ella vi a Adrián, todavía con la chaqueta de la calle puesta.
—Te he puesto tus cosas aquí —dijo—. Para que no sigas revolviendo en los armarios.
Miré las bolsas y luego a ella. Esperé una explicación que lo convirtiera todo en un error.
—¿Qué significa esto?
—Significa que te vas unos días a casa de tu madre. A lo mejor ella te enseña cómo se habla con la gente.
La noche anterior me había mandado un mensaje: «Me quedo en vuestra casa hasta que os acostumbréis al bebé. Ya se lo dije a Adrián».
Le había contestado que se lo agradecía, pero que quería que los primeros días fuéramos solo nosotros tres. Tampoco había llamado a mi madre. Adrián se había tomado vacaciones y habíamos decidido arreglárnoslas juntos.