Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

Álvaro dejó de respirar durante un instante.

Martina palideció.

—¿Quién te ha dicho esos nombres? —preguntó él.

Sofía giró lentamente la cabeza.

No hacia su voz.

Directamente hacia sus ojos.

—Por cierto, esa corbata azul te queda mejor que la gris que llevabas ayer.

La empleada del notario abrió la boca.

Martina soltó la taza.

Álvaro se levantó.

—¿Puedes ver?

Sofía lo observó sin pestañear.

—Perfectamente suficiente.

Él movió una mano delante de su cara.

Ella siguió el movimiento.

—¿Desde cuándo?

—Desde que el niño que tú llamas mi hijo me empujó por las escaleras.

Álvaro miró inmediatamente a Martina.

Ese gesto confirmó más de lo que cualquier confesión habría conseguido.

—Sofía, escucha…

—He escuchado durante 7 años.

La puerta principal se abrió.

Ernesto Beltrán apareció acompañado por su abogada, Laura Mendoza, y un especialista en investigación patrimonial.

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