Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

Ella permitió que lo hiciera.

—Solo tienes que firmar en 3 sitios.

—¿Qué estoy firmando?

Álvaro suspiró.

—Ya lo hemos hablado.

—No lo recuerdo.

—Son cuestiones fiscales.

El notario intervino.

—Señora Beltrán, naturalmente puedo leerle el documento completo.

Álvaro contestó antes que ella.

—No hace falta. Mi mujer confía plenamente en mí.

Sofía sonrió.

—Precisamente por eso quiero escucharlo.

Martina dejó de mover la cucharilla.

Álvaro apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Sofía, esto puede ser muy pesado para ti.

—Tengo tiempo.

El notario comenzó.

Participaciones societarias.

Derechos de administración.

Inmuebles.

Poderes.

Cesiones.

A los pocos minutos, Álvaro lo interrumpió.

—Creo que ya es suficiente.

Sofía inclinó la cabeza.

—No.

El salón quedó en silencio.

Ella colocó ambas manos sobre la mesa.

—Quiero saber por qué debo renunciar a mis derechos sobre 4 edificios en Madrid, una finca en Segovia y determinadas participaciones de Beltrán Patrimonio.

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