Sofía reconoció a su padre antes incluso de que él pronunciara su nombre.
Estaba más delgado.
Mucho más canoso.
Pero seguía teniendo aquella forma de apretar los labios cuando intentaba no llorar.
—Hija…
Sofía se levantó.
Durante unos segundos olvidó todo lo demás.
Quiso correr hacia él.
Quiso convertirse otra vez en la joven que recordaba.
Pero todavía faltaba una verdad.
Ernesto avanzó.
Álvaro se interpuso.
—Esta es mi casa. No podéis entrar así.
Laura abrió una carpeta.
—Parte de esta propiedad fue adquirida mediante fondos cuya titularidad estamos revisando y que procedían originalmente del patrimonio de la señora Beltrán. Yo mediría mucho esa afirmación.
Álvaro miró al notario.
—Esto es una maniobra de su familia.
Sofía soltó una risa amarga.
—¿Mi familia? Durante 7 años me dijiste que no tenía familia.
—Intentaba protegerte.
—Me dijiste que mi padre había fallecido.