Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

—Estabas muy frágil.

—Me dijiste que apenas teníamos dinero.

—Había gastos enormes.

Laura colocó varios documentos sobre la mesa.

—Después del accidente de Sofía se autorizaron movimientos desde cuentas, sociedades y propiedades vinculadas a ella. Algunos fueron firmados cuando su capacidad para comprender documentos era, como mínimo, cuestionable. Otros presentan diferencias que deberán aclararse.

Álvaro tomó una hoja.

—No podéis demostrar nada.

—Eso lo decidirán quienes correspondan —respondió Laura.

Sofía sacó entonces otro documento.

—Pero hay algo que sí puedo demostrar.

Martina empezó a temblar.

Sofía la miró.

—Nicolás no es mi hijo.

El rostro de Martina se descompuso.

Álvaro reaccionó primero.

—Una prueba privada no demuestra…

—El análisis genético solo confirmó lo que mis ojos ya habían empezado a decirme.

Martina negó con la cabeza.

—No metas al niño en esto.

—Fuisteis vosotros quienes lo metisteis.

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