Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

La nariz.

La barbilla.

Todo estaba allí.

—¿Nico es realmente mi hijo?

Álvaro endureció la expresión.

—No sabes lo que estás diciendo.

Entonces apareció Martina.

Vestía una blusa crema y llevaba el cabello recogido.

Sofía la miró y tuvo que contener el aire.

Nicolás parecía una versión infantil de ella.

Martina notó aquella mirada y se quedó paralizada.

Sofía fingió marearse.

—Necesito descansar.

Álvaro pareció aliviado.

Esa noche nadie supo que Sofía había recuperado mucho más que la vista.

Cuando Nicolás entró buscando una tableta que había dejado junto a su cama, ella lo llamó con dulzura.

—Ven, cariño. Tienes algo en el pelo.

—He dicho que no me toques.

Sofía sonrió como si no hubiera ocurrido nada.

Consiguió retirar 2 cabellos de su jersey.

Cuando el niño salió, los guardó dentro de una pequeña bolsa transparente.

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