—No me toques.
No había miedo en su voz.
Había rechazo.
Álvaro apareció desde el pasillo.
—¿Qué ha pasado?
Sofía esperó que corriera hacia ella.
No lo hizo.
Bajó directamente hasta Nicolás, lo abrazó y examinó sus brazos.
—¿Estás bien, campeón?
Sofía seguía en el suelo.
—Álvaro…
Él se giró.
Por primera vez desde el accidente, Sofía contempló el rostro del hombre cuya voz había sido su refugio durante 7 años.
Y lo que encontró en sus ojos no fue preocupación.
Fue pánico.
Ella comprendió que él ya había notado cómo miraba el techo, los muebles, la escalera.
—Puedo ver —dijo.
Álvaro perdió el color.
Solo durante 1 segundo.
Después sonrió.
—El golpe te ha confundido.
—Te estoy mirando.
Nicolás se aferró más a él.
Sofía volvió a observar al niño.
Los ojos.