Después localizó, desde un viejo ordenador que Álvaro creía inutilizable para ella, un laboratorio privado de Madrid.
No lloró.
No gritó.
No despertó a su marido.
Solo escribió una solicitud urgente para una prueba de ADN.
Y antes de cerrar el portátil encontró un correo antiguo que hizo que sus manos comenzaran a temblar.
El remitente era su padre.
El hombre que Álvaro le había asegurado que había fallecido hacía 7 años.
El asunto decía:
“Sofía, seguimos buscándote.”
PARTE 2
A la mañana siguiente, Sofía decidió fingir que seguía ciega.
Martina respiró aliviada cuando la vio caminar tanteando las paredes. Álvaro incluso le besó la frente antes de salir.
—No te preocupes por nada. Yo sigo encargándome de ti.
Aquellas palabras, que antes le daban seguridad, ahora sonaban como una amenaza.
Sofía llamó a su padre desde un teléfono prestado por una empleada.