Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

PARTE 3

Sofía pasó aquella noche sin dormir.

Los recuerdos regresaban en fragmentos, como fotografías rotas.

Lluvia golpeando el parabrisas.

Una discusión.

Álvaro gritando en el aparcamiento de un restaurante.

Ella diciendo que quería volver a casa de su padre.

Después, luces en la carretera.

Un impacto.

Su mano sobre el vientre.

Y nada más.

A las 8:30, Álvaro bajó a desayunar.

Llevaba un traje azul oscuro, zapatos italianos y un reloj que Sofía reconoció porque había visto su precio en internet durante la madrugada.

Más de 40.000 euros.

Durante años él le había contado que apenas obtenía ingresos supervisando obras y que casi todo el dinero desaparecía entre tratamientos, colegio y gastos domésticos.

Ahora Sofía sabía que dirigía 3 sociedades inmobiliarias.

Y que una parte considerable de aquellas empresas había nacido con dinero procedente de sus bienes.

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