Después de caer por la escalera, recuperé la vista tras 7 años y vi por primera vez al niño que llamaba hijo: no se parecía a mí, sino a mi cuñada, mientras mi marido corría a protegerlo. Oí a Álvaro decir: «Mañana habrá terminado todo». No lloré: guardé 2 cabellos y pedí una prueba de ADN. Esa noche apareció un correo: «Sofía, seguimos buscándote». –

—Hoy vendrá el notario —comentó Álvaro mientras untaba tomate sobre una tostada—. Tenemos que ordenar algunas cosas.

Sofía mantuvo la mirada perdida.

—¿Qué cosas?

—Patrimonio familiar.

—¿Por Nico?

Álvaro sonrió.

—Por todos nosotros.

Martina estaba sirviendo café.

Al escuchar aquella frase levantó los ojos hacia Álvaro.

Él sostuvo su mirada.

Apenas 2 segundos.

Pero Sofía lo vio.

Y supo que llevaba 7 años viviendo dentro de una obra de teatro.

Poco después, Álvaro salió al jardín para hacer una llamada.

Martina recogió la mesa.

Sofía fingió dirigirse hacia el baño.

En lugar de hacerlo, permaneció detrás de una puerta.

Escuchó pasos.

Álvaro había regresado.

—Está haciendo preguntas —murmuró Martina.

—Porque se golpeó la cabeza.

—¿Y si recuerda algo?

—No recordará nada.

—Ayer miraba raro.

Hubo un silencio.

Después Álvaro respondió:

—Mañana habrá terminado todo.

—¿Qué quieres decir?

—Cuando firme, no podrá reclamar las participaciones ni los inmuebles. Después veremos cómo organizamos el resto.

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