Sofía escuchó un movimiento.
Miró por la rendija.
Álvaro tenía una mano en la cintura de Martina.
Luego la besó.
No como alguien que comete un impulso.
Como un hombre que conoce perfectamente los labios que está besando.
Sofía retrocedió.
Curiosamente, aquello ya no consiguió romperla.
Algo dentro de ella se había roto mucho antes.
Quizá la noche del accidente.
Quizá cada vez que firmó un documento porque Álvaro le decía:
“Confía en mí.”
Quizá cada cumpleaños en el que Nicolás rechazaba sus abrazos mientras ella se preguntaba qué estaba haciendo mal como madre.
A las 12:15 llegó el notario acompañado por una empleada del despacho.
Álvaro preparó la reunión en el gran salón de la casa.
Había café, agua y una carpeta de cuero frente a Sofía.
—Siéntate aquí, cariño.
Él la condujo tomándola del codo.