Después de encontrar a una madre y a su hijo solos en la carretera, el millonario les ofreció techo pese a que su propia familia esperaba heredar millones. “Mañana desapareceremos de su vida”, prometió la mujer. Pero al amanecer él abrió la habitación y vio una escena que lo dejó helado; minutos después sacó del cajón un testamento de años atrás, porque acababa de comprender quién llevaba tiempo engañándolo…

Cenó con ellos y preguntó demasiado sobre Laura. Más tarde, ella escuchó su voz desde el estudio:

—Tío, tienes cáncer terminal y metiste a una desconocida con un niño en tu casa. ¿Ya pensaste lo fácil que sería que alguien se aprovechara de ti?

Alejandro respondió:

—Tú llevas años preguntándome por mis cuentas, mis propiedades y mi testamento, y casi nunca me preguntas cómo me siento.

Hubo un silencio.

—Cuando mueras, lo que es de la familia debe seguir en la familia —dijo Rodrigo.

Alejandro contestó:

—Mientras yo siga vivo, nada de lo mío te pertenece.

Laura se quedó inmóvil. Aún no imaginaba hasta dónde estaba dispuesto Rodrigo a llegar para cambiar eso.

PARTE 2

Dos semanas después, Laura consiguió empleo en una empresa de materiales para construcción en Querétaro. El problema era la renta: depósito y primer mes superaban sus ahorros.

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