PARTE 1
El primer huevo se rompió contra el pecho de Lucía Morales justo cuando el fotógrafo pidió a los novios que se acercaran para brindar. El segundo estalló sobre su hombro. El tercero le resbaló por el velo, dejando un olor insoportable sobre el encaje que había tardado 14 meses en pagar.
A pocos metros, Alba Valdés, la prima de 12 años de Sergio, se doblaba de risa con un pequeño cañón de confeti entre las manos. Había sustituido las tiras de papel por huevos pasados y había convencido a otros 2 niños para que la ayudaran.
La boda, celebrada en una finca de Aranjuez, quedó en silencio durante apenas unos segundos. Después llegaron las risas, los móviles levantados y los comentarios de quienes confundieron la humillación con un espectáculo.
Lucía miró a su marido. Esperó una palabra. Un gesto. Cualquier cosa.