Sergio bajó los ojos.
Fue Carmen, su suegra, quien se acercó primero.
—No montes un drama, Lucía. Alba solo tiene 12 años. Es una niña.
—Me ha destrozado el vestido.
—Y mañana se limpiará. No vas a amargar una boda por 4 huevos.
Lucía recordó aquella frase durante 10 años.
No porque el vestido hubiera quedado arruinado, sino porque Sergio jamás volvió a hablar del asunto. Cada vez que alguien sacaba el vídeo en una comida familiar, él sonreía incómodo y decía que era mejor no remover el pasado. Alba, en cambio, convirtió la escena en su anécdota favorita.
En esos 10 años nació Hugo, el único hijo de Lucía y Sergio. A los 9, era un niño observador, de los que detectaban una tristeza antes de que los adultos decidieran admitirla.
Una noche de septiembre, Sergio dejó una invitación color marfil sobre la mesa.