«Tener 12 años explica lo que hice. No justifica que a los 22 siguiera celebrándolo».
Lucía tardó una semana en responder.
«Gracias por asumirlo. Ojalá hagas algo bueno con lo que has aprendido».
No volvieron a ser cercanas. Tampoco era necesario.
1 año después, Hugo encontró la caja azul en una estantería del nuevo piso de Lucía. Dentro ya no estaban los documentos. Solo quedaba la memoria antigua.
—¿Todavía guardas esto?
—Pensaba tirarla.
—¿Y por qué no lo haces?
Lucía sonrió.
—Porque durante mucho tiempo creí que guardar una prueba era lo mismo que guardar rencor. Ahora sé que no.
Hugo dejó la memoria sobre la mesa.
Lucía abrió la ventana. Desde el balcón llegaba el ruido de Madrid al final de la tarde. No había música de boda, pantallas ni familiares pidiendo que soportara una humillación para mantener las apariencias.