Diez años después de que Alba arruinara mi vestido con huevos, llegué a su boda y descubrí que pensaba convertir aquel recuerdo en el entretenimiento de la noche. «No montes un drama, Lucía», volvió a decir mi suegra. No respondí: abrí la caja azul y pedí que encendieran la pantalla. Dentro quedaban 3 documentos que Sergio aún no había visto.

—Alba se casa el sábado 17. En una finca cerca de Toledo. Mi madre quiere que vayamos los 3.

Lucía leyó el nombre de la novia y no dijo nada.

—Ha cambiado mucho —añadió Sergio—. Ya no es aquella cría.

El teléfono de Lucía vibró en ese instante.

En el grupo familiar, Alba acababa de publicar un vídeo de 8 segundos: Lucía, 10 años antes, cubierta de yema y cáscaras.

Debajo había escrito: «En mi boda habrá una sorpresa para los veteranos».

Carmen respondió con 6 emoticonos de risa.

Sergio bloqueó la pantalla de su móvil.

—No le des importancia.

Lucía lo miró por primera vez sin tristeza.

—Eso llevo haciendo 10 años.

Dos días después recibió una llamada inesperada de Tomás Llorente, el videógrafo de su antigua boda. Lucía le había escrito meses atrás para pedirle cualquier copia que aún conservara, pensando que no quedaría nada.

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