Doné sangre para salvar al hombre con quien llevaba 3 años, pero al salir escuché detrás de la puerta del hospital: “Después de la número 99 la dejamos y todo termina”. Me quedé inmóvil al descubrir que mi relación entera había sido una venganza por algo ocurrido años atrás. No entré a reclamar; hice una llamada y me fui, sin imaginar que alguien del mismo grupo estaba a punto de entregarme todas las pruebas.

Miré a mis padres dormidos en la habitación contigua.

Por primera vez comprendí que Mauricio no solo quería terminar conmigo.

Quería verme destruida mientras lo hacía.

Pero Renata todavía no había contado lo más grave.

—Daniela —susurró—, antes de irte tienes que saber quién ayudó a Mauricio a organizar todo desde el principio.

Y cuando dijo el nombre, sentí que la verdadera historia apenas estaba comenzando.

PARTE 3

—Fue Santiago.

Me quedé mirando la pared del hotel.

Santiago era primo de Mauricio.

También era una de las primeras personas que me había hecho sentir bienvenida cuando empecé a salir con él.

Había estado en mis cumpleaños.

En comidas familiares.

Incluso había acompañado a mi mamá al hospital cuando se operó de la vesícula porque Mauricio “tenía una reunión importante”.

—Santiago llevaba el registro —continuó Renata—. Mauricio inventaba algunas cosas y él organizaba otras. Los demás se fueron sumando porque les parecía divertido.

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