Doné sangre para salvar al hombre con quien llevaba 3 años, pero al salir escuché detrás de la puerta del hospital: “Después de la número 99 la dejamos y todo termina”. Me quedé inmóvil al descubrir que mi relación entera había sido una venganza por algo ocurrido años atrás. No entré a reclamar; hice una llamada y me fui, sin imaginar que alguien del mismo grupo estaba a punto de entregarme todas las pruebas.

No podía hablar.

—¿Por qué me cuentas esto ahora?

Renata soltó el aire.

—Porque yo fui quien empezó todo sin darme cuenta.

—Explícate.

—Después del concurso, dije una estupidez. Estaba furiosa y humillada. Le dije a Mauricio que deseaba que un día sintieras lo mismo que yo había sentido.

Cerré los ojos.

—¿Y él interpretó eso como permiso para arruinarme tres años?

—No. Daniela, escúchame. Al día siguiente me arrepentí. Le dije que había sido una tontería. Meses después me enteré de que estaba saliendo contigo y pensé que ya lo había superado.

—Pero sabías que sus amigos se burlaban de mí.

—Sí.

—Y nunca dijiste nada.

—No.

Por primera vez, su voz tembló.

—Esa parte también es responsabilidad mía.

No la perdoné.

Tampoco necesitaba hacerlo.

Pero entendí algo importante: Renata había pronunciado una frase cruel una noche.

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