Mauricio había elegido convertirla en un proyecto de tres años.
La responsabilidad no era la misma.
—¿Tienes pruebas de ese archivo? —pregunté.
—Sí.
Mi respiración se detuvo.
—Santiago me mandaba cosas al principio. Creía que me parecían graciosas. Dejé de responderle, pero nunca borré los mensajes.
—Envíamelos.
Cinco minutos después comenzaron a llegar capturas.
“Venganza 14: hacerle creer que Mauricio olvidó su cumpleaños.”
“Venganza 31: esconder su presentación antes de la entrevista.”
“Venganza 47: hacer que espere dos horas en el restaurante y después decirle que confundió la fecha.”
“Venganza 63: decirle que Mauricio perdió dinero por culpa de ella.”
“Venganza 81: hacerle pensar que su regalo le pareció ridículo.”
Vi fotografías mías llorando.
Videos grabados desde lejos.
Audios donde mis disculpas habían sido reenviadas con emojis de carcajadas.
Entonces apareció uno particularmente cruel.
Venganza 96: accidente + sangre. Si funciona, será la mejor hasta ahora.