Doné sangre para salvar al hombre con quien llevaba 3 años, pero al salir escuché detrás de la puerta del hospital: “Después de la número 99 la dejamos y todo termina”. Me quedé inmóvil al descubrir que mi relación entera había sido una venganza por algo ocurrido años atrás. No entré a reclamar; hice una llamada y me fui, sin imaginar que alguien del mismo grupo estaba a punto de entregarme todas las pruebas.

Renata dejó de hablarle.

Después discutió con Santiago.

Santiago, enfurecido porque Mauricio quiso responsabilizarlo de todo, terminó mostrando a otros amigos la carpeta de las “venganzas”.

Algunos habían participado.

Otros no sabían hasta dónde había llegado aquello.

El asunto empezó a circular entre antiguos compañeros de universidad.

Varias personas recordaron incidentes que habían presenciado.

La falsa acusación de plagio.

Mi ausencia en la graduación.

Las veces que Mauricio se había burlado públicamente de mí.

La historia del banco de sangre fue el límite.

Incluso Rodrigo, que había reído en la habitación de la clínica, terminó alejándose cuando comprendió que Mauricio estaba dispuesto a culparlos a todos para protegerse.

Un año después de irme, recibí una invitación inesperada.

Mi antigua universidad organizaba un encuentro sobre arte, autoestima y violencia psicológica en relaciones jóvenes.

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