Renata dejó de hablarle.
Después discutió con Santiago.
Santiago, enfurecido porque Mauricio quiso responsabilizarlo de todo, terminó mostrando a otros amigos la carpeta de las “venganzas”.
Algunos habían participado.
Otros no sabían hasta dónde había llegado aquello.
El asunto empezó a circular entre antiguos compañeros de universidad.
Varias personas recordaron incidentes que habían presenciado.
La falsa acusación de plagio.
Mi ausencia en la graduación.
Las veces que Mauricio se había burlado públicamente de mí.
La historia del banco de sangre fue el límite.
Incluso Rodrigo, que había reído en la habitación de la clínica, terminó alejándose cuando comprendió que Mauricio estaba dispuesto a culparlos a todos para protegerse.
Un año después de irme, recibí una invitación inesperada.
Mi antigua universidad organizaba un encuentro sobre arte, autoestima y violencia psicológica en relaciones jóvenes.