Doné sangre para salvar al hombre con quien llevaba 3 años, pero al salir escuché detrás de la puerta del hospital: “Después de la número 99 la dejamos y todo termina”. Me quedé inmóvil al descubrir que mi relación entera había sido una venganza por algo ocurrido años atrás. No entré a reclamar; hice una llamada y me fui, sin imaginar que alguien del mismo grupo estaba a punto de entregarme todas las pruebas.

El auditorio quedó en silencio.

Después llegaron los aplausos.

Fue entonces cuando lo vi.

Mauricio estaba al fondo.

Solo.

No tenía a Santiago ni a Rodrigo alrededor.

Parecía más delgado.

Más serio.

Durante un instante mi cuerpo recordó quién había sido él para mí.

Después recordé la bolsa de sangre cayendo en el contenedor.

Y el sentimiento desapareció.

Esperó hasta que casi todos se marcharon.

Yo guardaba unas notas cuando escuché:

—Daniela.

Me giré.

—Mauricio.

Se acercó lentamente.

—Te ves bien.

—Estoy bien.

Mi respuesta pareció desconcertarlo.

Quizá esperaba encontrar a la mujer que había dejado.

—Escuché todo.

—Entonces espero que te haya servido.

Bajó la mirada.

—Fui cruel.

No respondí.

—Muy cruel.

Seguí en silencio.

—Pensé que solo estaba… devolviéndote algo.

—¿Devolviéndome qué?

—Lo que pasó con Renata.

Me reí.

No con alegría.

Con incredulidad.

—¿Ganar limpiamente una competencia?

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