Doné sangre para salvar al hombre con quien llevaba 3 años, pero al salir escuché detrás de la puerta del hospital: “Después de la número 99 la dejamos y todo termina”. Me quedé inmóvil al descubrir que mi relación entera había sido una venganza por algo ocurrido años atrás. No entré a reclamar; hice una llamada y me fui, sin imaginar que alguien del mismo grupo estaba a punto de entregarme todas las pruebas.

—Mi graduación también se destruyó.

No respondió.

—Mi confianza se destruyó. Mi relación con la danza casi se destruyó. Durante años pensé que cada problema era culpa mía porque tú me entrenaste para sentirme culpable de todo.

—Lo siento.

Finalmente lo dijo.

Dos palabras que años atrás habría dado cualquier cosa por escuchar.

Ahora llegaron tarde.

—¿Por cuál de las noventa y seis?

Mauricio cerró los ojos.

—Por todas.

Lo observé.

No lloró.

No se arrodilló.

No hizo ninguna escena.

Y me alegré.

Yo tampoco quería una escena.

—Daniela, no espero que volvamos.

—Qué considerado.

Me miró con tristeza.

—Solo necesitaba decirte que entendí que estaba equivocado.

—Ojalá sea verdad.

—¿Puedes perdonarme algún día?

Pensé en aquella joven sentada afuera de una clínica, mareada, llorando porque acababa de descubrir que su amor había sido diseñado como un castigo.

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