Doné sangre para salvar al hombre con quien llevaba 3 años, pero al salir escuché detrás de la puerta del hospital: “Después de la número 99 la dejamos y todo termina”. Me quedé inmóvil al descubrir que mi relación entera había sido una venganza por algo ocurrido años atrás. No entré a reclamar; hice una llamada y me fui, sin imaginar que alguien del mismo grupo estaba a punto de entregarme todas las pruebas.

Colgué.

Pero cuando levanté la cabeza, vi un mensaje nuevo de Mauricio.

“Ven mañana. Todavía nos faltan tres cosas por arreglar.”

Todavía no sabía que esas tres “cosas” podían destruir algo mucho más grande que nuestra relación.

Y yo tampoco podía creer lo que estaba a punto de pasar…

PARTE 2

Esa misma noche llegué a mi departamento en la colonia Del Valle, cerré la puerta con seguro y saqué una maleta.

Por primera vez en tres años no estaba pensando en cómo recuperar a Mauricio.

Estaba pensando en cómo desaparecer de su vida.

Metí ropa, documentos y algunas fotografías familiares.

Cuando encontré los zapatos con los que había ganado aquella competencia de danza, me quedé mirándolos.

Durante años había sentido culpa cada vez que los veía.

Ahora entendía por qué.

Mauricio había conseguido convertir uno de mis mejores recuerdos en el supuesto origen de todos mis castigos.

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