Carmen respiró con fuerza.
—Soy su madre. No soy una desconocida.
—Eso nunca estuvo en discusión.
—¿Qué querías? ¿Que durmiera en la calle?
—Quería que alguien me preguntara.
—Álvaro sabía que acabarías aceptando.
Lucía sintió una extraña calma.
—Precisamente.
Carmen no dijo nada.
—Esa frase es el problema —continuó Lucía—. Nadie quería saber lo que yo pensaba. Solo estabais buscando el momento en que resultara más difícil decir que no.
—Una familia se ayuda.
—Sí.
—Entonces estás siendo egoísta.
Lucía miró el vestido junto a la ventana.
Hacía menos de 24 horas aquellas palabras habrían podido hacerla dudar.
Ahora no.
—Una familia se ayuda, Carmen. Pero ayudar no significa que tu hijo pueda disponer de mi casa, de mi tiempo y de mi consentimiento como si fueran suyos.
—Estás destruyendo 7 años.
—Yo no preparé esto a escondidas.