—Nos has engañado durante 2 años —soltó Carmen.
Lucía se sentó.
—Os oculté mi patrimonio. No os mentí sobre cómo quería que me trataran.
—Si hubiéramos sabido quién eras…
Lucía la interrumpió.
—Ese es exactamente el problema.
La sala quedó en silencio.
—¿Me habríais respetado si hubierais sabido cuánto dinero tengo? Entonces no era respeto. Era miedo.
Álvaro apretó los labios.
—Lucía, lo de la habitación fue horrible. Pero no puedes tirar un matrimonio por una noche.
Irene colocó sobre la mesa una carpeta.
—No es una noche.
Dentro estaban los mensajes, la solicitud de financiación, la firma escaneada y el correo en el que Álvaro la describía como “manejable”.
Él palideció.
Carmen miró a su hijo.
Por primera vez, pareció sorprendida de verdad.
—¿Tú escribiste eso?
Álvaro no respondió.
Lucía sintió algo inesperado: no satisfacción, sino claridad.