—En esta casa, las mujeres cuidan a los hombres.
Lucía miró a Álvaro.
—Dile que se marche.
Él no lo hizo.
Había bebido bastante durante la celebración. Se acercó, la sujetó del brazo y le exigió que dejara de humillar a su madre. Lucía le pidió que la soltara. Él apretó más. Cuando ella intentó apartarse, la mano de Álvaro le cruzó el rostro.
El silencio posterior fue peor que el gesto.
Carmen no se sorprendió.
Solo dijo:
—Así aprenderá.
No gritó. No lloró. No preguntó por qué.
Cogió el barreño.
Carmen sonrió, convencida de que había ganado.
Entonces Lucía lo volcó sobre Álvaro.
La ropa húmeda cayó sobre su traje azul, sobre sus zapatos nuevos y sobre la alfombra de la suite.
—Esta ha sido la última vez que me pones una mano encima —dijo ella.
Sacó una maleta del armario, guardó el portátil, el cargador y una carpeta de documentos. Álvaro intentó bloquear la puerta, pero Lucía levantó el móvil.