Al otro lado del mostrador estaba Laura, la empleada. No parecía mala persona. Solo parecía cansada. Cansada de pantallas, de turnos, de gente enfadada y de repetir las mismas frases todo el día.
—Don Manuel, se lo acabo de explicar —dijo ella, intentando mantener la calma—. Puede consultar el extracto desde la aplicación del banco.
El hombre asintió despacio.
—Yo solo quiero un papel —respondió—. Solo para saber si me han ingresado la pensión.
Laura miró la pantalla.
—También puede hacerlo desde la banca online. Entra con su usuario, su contraseña y confirma la operación con el móvil.
Don Manuel sacó de su bolsillo un teléfono antiguo, de esos con teclas grandes y pantalla pequeña. Lo puso encima del mostrador como si estuviera enseñando una prueba.
—Yo tengo este. Me sirve para llamar a mi vecina y a mi hija los domingos.