—Este mide menos de lo que pensabas —dijo.
Daniel se inclinó para comprobarlo.
—Tienes razón.
Mariana cerró la regla y se la guardó en su propio bolsillo.
—La necesitaré en primavera.
Daniel la miró.
—¿Eso significa que puedo quedarme?
Mariana comenzó a caminar hacia la casa.
—Significa que mañana hay que revisar el techo.
Daniel sonrió y la siguió.
Canelo levantó la cabeza, los vio alejarse y volvió a acomodarse junto a los postes.
Meses atrás, Mariana había pedido dos manos que no desaparecieran cuando llegara la nieve.
Terminó descubriendo que el valor de Daniel nunca estuvo en todo lo que podía comprar.
Estuvo en que, teniendo la posibilidad de irse, volvió.
Y la vieja regla que alguna vez había revelado que aquel desconocido sabía mucho más de lo que decía dejó de ser la pista de un secreto.
Desde entonces quedó en la cocina del Rancho Haro, al alcance de los dos, esperando la siguiente cosa que decidieran construir juntos.