El Hombre Sin Nada Que Podía Comprar Veinte Veces El Rancho De Mariana-lbsuong

Daniel, por su parte, había dejado de confundir ser necesario con ser querido.

Una tarde encontraron a Canelo dormido bajo la barrera de ramas, justo donde el viento apenas alcanzaba.

Mariana se agachó para acariciarlo.

Daniel revisó uno de los postes.

—En primavera deberíamos cambiar este.

Mariana se incorporó.

—¿Deberíamos?

Daniel entendió la pregunta escondida.

—Si todavía quieres que esté aquí.

Ella miró hacia la casa que había defendido durante catorce meses prácticamente sola.

Después miró el granero que ambos habían reforzado.

Luego la regla plegable que sobresalía del bolsillo del abrigo de Daniel, igual que el primer día.

Mariana extendió la mano.

Daniel la sacó y se la entregó.

Esta vez ella no la tomó para exigir una explicación.

La abrió, midió el poste deteriorado y marcó con el dedo el lugar donde habría que cortar la nueva pieza.

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