El Lodo Rojo Reveló Quién Quería Arrebatarles El Rancho-lbsuong

Cuando estuvimos solos, Mateo miró la llave en mi mano.

—Entonces, ¿te quedas?

—Por ahora.

—Muy romántico.

—No sabía que era una propuesta romántica.

Se quedó callado.

Yo también.

Esta vez el silencio no pesó.

Mateo se acercó despacio, lo suficiente para darme tiempo de apartarme.

No lo hice.

El primer beso fue breve y torpe, más parecido a una pregunta que a una promesa.

Eso me gustó.

Yo ya había tenido promesas.

Prefería las preguntas honestas.

El problema de la deuda no desapareció por enamorarnos.

Abril llegó de todos modos.

Hubo cuentas que pagar, animales que vender y decisiones que ninguno de los dos disfrutó.

El rancho salió más pequeño de aquel invierno.

Pero salió vivo.

Mateo dejó de medir el éxito por cuánto lograba conservar y empezó a medirlo por lo que podía sostener sin destruirse en el intento.

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