El secreto del departamento 4B
La revelación de la firma en aquel papel arrugado amenazaba con destrozar el imperio inmobiliario que Alejandro Cárdenas había tardado décadas en construir, transformando una simple cobranza en la escena del crimen corporativo más despiadado de su carrera.
Alejandro reconoció la rúbrica al instante. Era la firma de Roberto Salazar, su socio minoritario y director de operaciones de la empresa. Las letras cursivas y elegantes estaban impresas al pie de un aviso oficial de desalojo forzoso que exigía la entrega inmediata del inmueble por presunta demolición estructural.
El corazón de Alejandro latía con violencia contra sus costillas. Aquel documento no solo era falso, sino que utilizaba un sello notarial antiguo que la empresa había dejado de utilizar hacía más de dos años. El magnate sintió una ola de ira helada recorriéndole las venas mientras miraba a la frágil mujer.
—Roberto no tiene la facultad legal para emitir una orden de desalojo sin mi firma —dijo Alejandro, intentando mantener la voz serena para no asustar a la niña—. Este papel es completamente apócrifo, Mariana.
—Para usted será solo un papel, señor Cárdenas —respondió Mariana con un hilo de voz quebrada por el agotamiento—, pero para nosotras ha sido una amenaza constante durante los últimos cinco meses. Sus abogados venían cada dos semanas a decirme que nos sacarían a la calle.
Lucía se acercó a su madre y le abrazó la cintura, escondiendo su pequeño rostro entre las pliegues de la falda gastada. Alejandro observó las manos maltrechas de la pequeña y sintió una vergüenza profunda que jamás había experimentado en su vida de ejecutivo exitoso.
—Roberto me dijo que los departamentos del cuarto piso estaban desocupados por remodelación —explicó Alejandro, uniendo las piezas de una trama oscura que apenas comenzaba a vislumbrar—. Me mostró informes falsos de impago y carpetas vacías para justificar la falta de ingresos de este bloque.
—No están remodelando nada —intervino Mariana con amargura—. Roberto instaló un almacén privado en el departamento contiguo. Hay hombres que entran a medianoche cargando cajas pesadas y cambiando las cerraduras del pasillo constantemente para que nadie se acerque.
Alejandro recordó de inmediato los informes de contabilidad que Roberto le hacía firmar entre prisas y reuniones ejecutivas. El fraude era masivo y utilizaba su propio edificio residencial como una fachada impune para operaciones clandestinas a espaldas de la mesa directiva.