Entonces la puerta de la habitación de Ethan se abrió.
Marcus salió.
Su rostro estaba agotado.
Me levanté inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
—Está despierto.
Entré.
Laura estaba sentada junto a la cama.
Ethan parecía todavía más joven bajo aquellas luces. Tenía los ojos hinchados y el rostro pálido.
Me acerqué.
—Hola, campeón.
Intentó sonreír.
—No me llames así.
Era exactamente el tipo de respuesta que habría dado antes de todo aquello.
Y por primera vez en horas sentí ganas de llorar.
Me senté junto a él.
—Necesito preguntarte algo, pero solo si te encuentras con fuerzas.
Ethan miró hacia Ortega, que esperaba fuera.
—¿Es policía?
—Fiscalía estatal.
Su expresión cambió.
—No quiero hablar con los del sheriff.
—No tendrás que hacerlo ahora.
Guardó silencio.
Después susurró:
—Había una mujer.
Sentí un vuelco.
—¿Elena?
Ethan frunció el ceño.