—No sé cómo se llamaba.
—¿Qué viste?
Cerró los ojos intentando reconstruirlo.
—Estaba en el aparcamiento. Cuando el sheriff empezó a gritarme, ella sacó el teléfono.
Miré a Laura.
—¿Lo estaba grabando?
—Creo que sí.
Aquello explicaba muchas cosas.
—Ethan, ¿por qué te detuvo el sheriff?
Mi hijo tardó en responder.
—Eso es lo que no entendéis.
Abrió los ojos.
—No me detuvo.
—¿Qué quieres decir?
—Yo ya estaba allí.
Su voz era débil, pero cada palabra estaba clara.
—Había terminado mi turno y estaba esperando a Noah para volver a casa. Entonces vi un todoterreno negro detrás de la gasolinera.
—¿Y?
—Había dos hombres descargando cajas.
Ortega entró lentamente en la habitación.
—¿Reconociste a alguno?
Ethan asintió.
—Al sheriff.
El investigador sacó una libreta.
—¿Qué había en las cajas?
—No lo sé.
Ethan respiró profundamente.
—Pero vi otra cosa.
Todos permanecimos en silencio.