Furia hacia Ignacio. Culpa por no haberlo notado antes. Horror ante la magnitud de la traición. Y debajo de todo eso, una determinación fría y absolutamente implacable de hacer que él pagara por cada lágrima, por cada violación, por cada día de terror que esta mujer había soportado. Abrió los ojos y miró directamente a Itzel.
“No voy a lastimarte, dijo con voz firme, ni a ti ni a tus hijos. Esto no es tu culpa, ¿me entiendes? Nada de esto es tu culpa. Itzel la miró con una mezcla de sorpresa y desconfianza tan profunda que partió el corazón de Beatriz. Estaba claro que nadie le había mostrado amabilidad genuina en
años, quizás nunca.
Beatriz asintió una vez, tomando una decisión que sabía que cambiaría el curso de su vida para siempre. Él va a pagar por esto, prometió en voz baja pero con una certeza absoluta. Te lo juro por todo lo sagrado, Ignacio Valverde va a pagar por cada cosa horrible que te ha hecho. Y entonces se dio la vuelta y salió del cuarto, cerrando la puerta suavemente detrás de ella.