Días después, cuando tuvo oportunidad de observarlo sin aquella vara cerca, volvió a notar algo.
El toro caminaba por el mismo tramo del corral.
Seis pasos.
Daba la vuelta.
Seis pasos.
Daba la vuelta otra vez.
Era un patrón repetido.
Laura no sabía todo lo que había ocurrido con él antes de llegar al rancho, pero sí podía reconocer una conducta que aparecía cada vez que el animal esperaba que algo malo sucediera.
Por eso, una tarde sugirió retirar la vara roja.
La respuesta de Don Conrado fue una carcajada.
Había seis trabajadores cerca.
Él le preguntó cómo una mujer contratada para llenar bebederos podía saber más que su especialista.
Laura no discutió.
Tampoco intentó demostrar nada delante de los demás.
Regresó a sus labores.
Pero esa noche se acercó al corral.
Jericó estaba repitiendo el mismo recorrido.
Seis pasos.
Vuelta.
Seis pasos.
Vuelta.
Laura silbó tres notas ascendentes.
Era un sonido que había usado durante años para llamar becerros hacia una cubeta.
Jericó se detuvo.
Laura volvió a hacerlo.
El toro giró la cabeza.
No embistió.
No golpeó la cerca.
Solo la miró.
Aquello no resolvía el problema, pero le dio a Laura una pieza que antes no tenía.
Jericó podía responder a una señal que no estuviera asociada con presión.
Y entonces llegó el día de la evaluación que todos estaban esperando.
Don Conrado necesitaba que un veterinario aprobara la evaluación reproductiva de Jericó antes de cerrar un contrato millonario.
Había compradores, ganaderos y representantes del banco.
La presión era enorme.
Si Jericó no podía ser revisado, el acuerdo quedaría en riesgo.
El rancho necesitaba que aquella evaluación saliera bien.
Pero el animal seguía siendo el mismo.
Y durante la preparación, Laura descubrió algo que podía convertir una situación tensa en una emergencia.
Una puerta auxiliar no había quedado completamente asegurada.
Laura avisó al encargado.
Nadie revisó el pasador.
Cuando Jericó empujó la puerta, quedó libre dentro del espacio cercano al patio de maquinaria.
Los visitantes permanecieron protegidos detrás de otra cerca.
Pero el caos comenzó de inmediato.
Algunos trabajadores levantaron paneles.
Alguien volvió a mostrar la vara roja.
Jericó golpeó la cerca.
Retrocedió.
Y volvió a intentarlo.
Laura gritó que bajaran la vara.