El terreno había pertenecido a una tía y, aunque representaba una oportunidad para que ambas tuvieran algo propio, también había llegado acompañado de problemas que no desaparecían por sí solos.
Había un granero inclinado.
Una bomba de agua más vieja que la camioneta de Laura.
Y deudas suficientes para convertir cualquier reparación en una preocupación seria.
Laura trabajaba por temporadas ayudando en otros ranchos durante la época de partos.
Revisaba becerros.
Reparaba cercas.
Pasaba noches enteras vigilando vacas cuando alguna necesitaba atención.
El pago era modesto y el café, muchas veces, terminaba recalentado antes de que pudiera tomarlo.
No tenía títulos elegantes ni un puesto importante.
Tenía experiencia.
Y había aprendido algo que le servía tanto con los animales como con las personas: observar antes de juzgar.
Cuando la bomba de agua comenzó a fallar, necesitó dinero para repararla.
También tenía que comprar unas botas para Natalia y pagar una consulta dental que llevaba meses posponiendo.
Por eso aceptó trabajo temporal en el rancho Los Barragán.
Don Conrado le asignó tareas que conocía bien.
Bebederos.
Comederos.
Cercas.
Y desde el primer día le puso una condición clara: no debía acercarse a sus sementales.
Laura aceptó.
No buscaba problemas.
Necesitaba trabajar.
Fue así como empezó a conocer a Jericó desde lejos.
El toro pesaba casi novecientos kilos y había sido comprado por una cantidad de dinero que Laura no habría ganado en muchos años.
Además, tenía antecedentes que habían hecho que todos lo trataran como una amenaza.
Había dañado una manga.
Había derribado a un veterinario.
Cada nuevo intento por revisarlo terminaba de la misma manera: más tensión, más gritos, más movimiento y un animal cada vez más difícil de controlar.
Los hombres del rancho habían aprendido a entrar preparados.
Laura, en cambio, empezó a preguntarse por qué siempre necesitaban prepararse de la misma manera.
Una tarde vio una evaluación desde cierta distancia.
La vara roja apareció.
Jericó cambió de inmediato.
No fue un cambio sutil.
El animal levantó la cabeza, tensó el cuerpo y buscó espacio.
Los trabajadores interpretaron la reacción como una confirmación de lo que ya pensaban.
Laura la interpretó de otra manera.