En el bosque entendí que mi desaparición no era un accidente: frente a mí había una fosa y alguien observaba oculto. Uno dijo: «Para tu familia estás descansando unos días en la costa». No grité; protegí al desconocido y, al escapar, llamé a la Guardia Civil. Entonces apareció el mensaje de las 6:12, confirmado por mi propio hijo.

Poco a poco convirtió el resentimiento de Jaime en miedo.

Y el miedo en rabia.

Pero los últimos mensajes cruzaban una línea diferente.

Sergio propuso provocar una ausencia temporal de Elena.

Según su versión inicial, la retendrían durante 48 horas en una casa rural abandonada. Durante ese tiempo, Jaime presentaría ante el consejo un documento que permitiría apartar provisionalmente a su madre alegando una crisis personal.

Jaime aceptó.

Entregó horarios.

Explicó qué carretera utilizaba Elena para llegar temprano al centro logístico de Alcalá de Henares.

Incluso ayudó a redactar el mensaje que debía recibir la familia.

«Necesito estar sola unos días. Estoy bien. No quiero llamadas.»

Después prometió confirmar ante Clara que había hablado con su madre.

Jaime sabía que estaban preparando una retención ilegal y una maniobra para tomar el control de la empresa.

Lo que, según las pruebas encontradas, no sabía era que Sergio había cambiado el plan.

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