En el bosque entendí que mi desaparición no era un accidente: frente a mí había una fosa y alguien observaba oculto. Uno dijo: «Para tu familia estás descansando unos días en la costa». No grité; protegí al desconocido y, al escapar, llamé a la Guardia Civil. Entonces apareció el mensaje de las 6:12, confirmado por mi propio hijo.

Elena bloqueó la operación.

La junta definitiva estaba prevista para el lunes siguiente.

Ella pensaba presentar documentos que demostrarían el conflicto de intereses de su socio.

Y había decidido pedir su salida del consejo.

De pronto todo encajaba.

Sergio necesitaba impedir aquella reunión.

Pero seguía existiendo una pregunta.

¿Por qué Jaime había colaborado?

La respuesta apareció en un segundo teléfono encontrado durante el registro de la vivienda de Sergio.

Los investigadores recuperaron meses de mensajes.

Al principio, Jaime parecía simplemente frustrado.

«Mi madre nunca confiará en mí.»

«Sigue tratándome como si tuviera 18.»

«Mientras ella esté al frente, jamás voy a dirigir la compañía.»

Sergio aprovechaba cada discusión.

Le decía que Elena pretendía entregarle el control futuro a Clara.

Le aseguraba que su hermana estaba maniobrando a sus espaldas.

Le mostraba documentos manipulados.

Le repetía que Elena estaba preparando cambios en la herencia.

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