En el bosque entendí que mi desaparición no era un accidente: frente a mí había una fosa y alguien observaba oculto. Uno dijo: «Para tu familia estás descansando unos días en la costa». No grité; protegí al desconocido y, al escapar, llamé a la Guardia Civil. Entonces apareció el mensaje de las 6:12, confirmado por mi propio hijo.

No habría ninguna casa rural.

No habría 48 horas.

Elena no debía regresar.

Cuando Sergio explicó a los 2 hombres contratados lo que realmente esperaba de ellos, Jaime ya no estaba presente.

Eso no borraba su responsabilidad.

Pero cambiaba una parte esencial de lo ocurrido.

La policía localizó finalmente a Jaime en un pequeño hotel de Segovia.

No intentó escapar.

Cuando los agentes entraron en la habitación, estaba sentado en la cama con la televisión apagada y el móvil de otra persona entre las manos.

Preguntó una sola cosa:

—¿Mi madre sigue viva?

2 días después, Elena aceptó verlo.

La conversación tuvo lugar en una sala vigilada.

Jaime entró con la mirada baja.

Parecía haber envejecido años en una semana.

Elena no se levantó.

No lo abrazó.

Tampoco gritó.

—Mírame.

Jaime tardó varios segundos.

Cuando lo hizo, tenía los ojos enrojecidos.

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