Pertenecía a Jaime.
Su hijo mayor.
Jaime había dicho que aquella mañana dormía en su casa de Majadahonda. También había asegurado a su hermana Clara que no debían preocuparse por el extraño mensaje de su madre.
—Mamá necesita desconectar. Me llamó anoche. Está perfectamente.
Era mentira.
Elena no había hablado con él.
Los investigadores encontraron además un acceso realizado desde el ordenador de Jaime a la cuenta familiar de almacenamiento digital. Desde allí se había descargado el itinerario privado de Elena y una copia de su firma electrónica.
Cuando Elena recibió la noticia, no reaccionó.
Permaneció sentada en silencio.
Adrián, que estaba en otra sala terminando su declaración, la vio a través de la puerta entreabierta.
La mujer que unas horas antes había luchado por sobrevivir parecía ahora completamente vencida.
Sergio podía traicionarla por dinero.
Eso dolía.
Pero Jaime era el niño al que había llevado de la mano al colegio, el joven al que había perdonado deudas y el hijo al que pensaba dejar algún día la empresa.
Entonces llegó una nueva prueba.
Una grabación de una gasolinera mostraba a Jaime reuniéndose con Sergio 3 noches antes.
Y en el audio recuperado del teléfono del socio se escuchaba una frase todavía peor:
—Mi madre no puede volver a sentarse en esa junta.
PARTE 3
La noticia no salió inmediatamente a los medios. Elena pidió a los investigadores que mantuvieran la máxima discreción mientras se aclaraba hasta dónde llegaba la participación de su hijo.
No quería protegerlo de las consecuencias.
Necesitaba saber la verdad antes de aceptar que el hombre al que había dado todo pudiera haber participado conscientemente en su desaparición.
Durante 3 días permaneció ingresada en un hospital de Madrid.
Clara, su hija menor, no se separó de ella.
Jaime había desaparecido pocas horas después de que la Guardia Civil registrara las oficinas de Valcárcel Distribución.
Su teléfono estaba apagado.
Su coche fue localizado en un aparcamiento próximo a Chamartín.
Durante aquellas horas, Elena apenas habló.
Cada vez que cerraba los ojos regresaba al bosque.
La pala.
La tierra removida.
La voz diciendo que nadie la encontraría.
Pero lo que más le dolía no era recordar a los 2 hombres.