Clara tampoco encontraba explicación.
—Jaime estaba enfadado contigo —admitió finalmente—. Pero yo creía que era por la empresa.
Elena la miró.
—¿Qué significa eso?
Clara dudó.
Durante meses, Jaime había insistido en que su madre debía retirarse y entregar la dirección ejecutiva a la nueva generación. Elena se había negado porque descubrió varias operaciones impulsadas por su hijo que consideraba demasiado arriesgadas.
Una de ellas era especialmente grave.
Jaime quería vender 3 centros logísticos propiedad del grupo y reinvertir el dinero en una sociedad tecnológica llamada Nortia Mobility.
Sobre el papel parecía una operación ambiciosa.
En realidad, Elena había descubierto que Nortia arrastraba una deuda enorme.
También averiguó algo que no había contado a sus hijos.
Sergio Beltrán tenía intereses económicos ocultos en aquella sociedad.
Si Valcárcel Distribución compraba una participación, Sergio recuperaría millones que prácticamente había perdido.