En el bosque entendí que mi desaparición no era un accidente: frente a mí había una fosa y alguien observaba oculto. Uno dijo: «Para tu familia estás descansando unos días en la costa». No grité; protegí al desconocido y, al escapar, llamé a la Guardia Civil. Entonces apareció el mensaje de las 6:12, confirmado por mi propio hijo.

Durante 3 días permaneció ingresada en un hospital de Madrid.

Clara, su hija menor, no se separó de ella.

Jaime había desaparecido pocas horas después de que la Guardia Civil registrara las oficinas de Valcárcel Distribución.

Su teléfono estaba apagado.

Su coche fue localizado en un aparcamiento próximo a Chamartín.

Durante aquellas horas, Elena apenas habló.

Cada vez que cerraba los ojos regresaba al bosque.

La pala.

La tierra removida.

La voz diciendo que nadie la encontraría.

Pero lo que más le dolía no era recordar a los 2 hombres.

Era recordar a Jaime con 7 años entrando corriendo en su despacho para enseñarle un dibujo.

A los 14, esperando despierto cuando ella regresaba tarde de un viaje.

A los 23, abrazándola durante el funeral de su padre.

Elena se preguntaba en qué momento aquel niño se había convertido en alguien capaz de ayudar a Sergio.

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